Si sientes pánico cada vez que observas una pesa, o si te avergüenzas y mientes cuando alguien te pregunta por tus kilos, puede que padezcas este cuadro que nada tiene que ver con la coquetería, sino que engloba una serie de trastornos psicológicos.
Se terminaron las fiestas de fin de año, y es probable que adelgazar o bajar algunos kilos sea uno de tus propósitos para este 2010. Pero qué sucede si la sola idea de subirte a una balanza te aterra, si llegas a transpirar cada vez que alguien te pregunta tu peso, o si de plano el pensar en una cifra abultada casi no te deja dormir.
Si te has sentido identificada con lo anterior, puede que padezca una fobia a la báscula, situación que de algún modo puede interferir directamente en tus planes dietéticos, ya que te imposibilita conocer tus avances y retrocesos, llevándote al final a un continuo fracaso, como es el caso de Tamara de 33 años.
“Toda la vida he luchado con el sobrepeso, pero yo me mido en la ropa, si me aprieta mucho es que subí, si está más holgada es que bajé, aunque dicen que las telas a veces ceden con el uso, así que no sé si es muy bueno mi método. Pero claramente hay jeans que no me abrochaban y ahora los puedo lucir”, declara.
Y según nos confidenció, su temor a la pesa viene desde la adolescencia, porque en su colegio era costumbre medirlos y pesarlos en la clase de educación física y gritar la cifra a viva voz: “Mis compañeras eran flaquitas, no superaban los 50 kilos, pero yo bordeaba los 70 kilos casi igual que los hombres, así que era deprimente, vergonzoso, y hasta humillante”, asegura.
De modo que Tamara evita a toda costa subirse a esas “máquinas del demonio” como las llama: “He ido al doctor y le ruego que no me pese, y si lo hace me siento fatal porque no dejo de pensar en ese número. Me siento a almorzar y viene el número a mi mente, si quiero un helado escucho una voz que me dice cuánto peso, te juro que es traumante”, sostiene.
Sin embargo, para ella este problema es sólo producto de la coquetería femenina: “A nadie le gusta pesarse porque sus kilos son sometidos a un juicio público. La nutricionista que consulté me dijo que era básico junto con tomarse las medidas para evaluar si se baja o no, pero me afecta demasiado, así que prefiero mantenerme así de momento”, concluye.
Se terminaron las fiestas de fin de año, y es probable que adelgazar o bajar algunos kilos sea uno de tus propósitos para este 2010. Pero qué sucede si la sola idea de subirte a una balanza te aterra, si llegas a transpirar cada vez que alguien te pregunta tu peso, o si de plano el pensar en una cifra abultada casi no te deja dormir.
Si te has sentido identificada con lo anterior, puede que padezca una fobia a la báscula, situación que de algún modo puede interferir directamente en tus planes dietéticos, ya que te imposibilita conocer tus avances y retrocesos, llevándote al final a un continuo fracaso, como es el caso de Tamara de 33 años.
“Toda la vida he luchado con el sobrepeso, pero yo me mido en la ropa, si me aprieta mucho es que subí, si está más holgada es que bajé, aunque dicen que las telas a veces ceden con el uso, así que no sé si es muy bueno mi método. Pero claramente hay jeans que no me abrochaban y ahora los puedo lucir”, declara.
Y según nos confidenció, su temor a la pesa viene desde la adolescencia, porque en su colegio era costumbre medirlos y pesarlos en la clase de educación física y gritar la cifra a viva voz: “Mis compañeras eran flaquitas, no superaban los 50 kilos, pero yo bordeaba los 70 kilos casi igual que los hombres, así que era deprimente, vergonzoso, y hasta humillante”, asegura.
De modo que Tamara evita a toda costa subirse a esas “máquinas del demonio” como las llama: “He ido al doctor y le ruego que no me pese, y si lo hace me siento fatal porque no dejo de pensar en ese número. Me siento a almorzar y viene el número a mi mente, si quiero un helado escucho una voz que me dice cuánto peso, te juro que es traumante”, sostiene.
Sin embargo, para ella este problema es sólo producto de la coquetería femenina: “A nadie le gusta pesarse porque sus kilos son sometidos a un juicio público. La nutricionista que consulté me dijo que era básico junto con tomarse las medidas para evaluar si se baja o no, pero me afecta demasiado, así que prefiero mantenerme así de momento”, concluye.